viernes, 12 de noviembre de 2010

TECNOGRAFÍA
Mi infancia entera la pasé en el barrio, o como nosotros, los niños, le llamábamos “la barri”. Mi ikastola era una cooperativa. Un proyecto de padres y profesores. Teníamos muy pocos recursos y no éramos más de 200 alumnos. Tanto padres, como profesores hicieron una gran inversión de trabajo y compromiso para crear el sistema educativo en el que creían. La ikastola estaba en el barrio, pero dividida en dos partes. Por un lado estaba la ikastola de los mayores, que era un edificio con patios y campa, e incluso una huerta que explotaban los padres, la producción se repartía entre todas las familias. Por otro lado, estaba la ikastola de los pequeños, unas lonjas cedidas por “Itsasargia”, el grupo de danzas del barrio. Estas lonjas estaban debajo de la casa de mi abuela que vivía en mi misma calle. Yo también bailé en Itsasargia, desde que tengo uso de razón hasta los 17 años.
Mis amigos eran del barrio y todos los niños jugábamos en él tranquilamente. Salíamos solos y cuando en casa te querían llamar te daban un grito por la ventana. Los límites estaban muy macados, no se podía salir del barrio y nosotros teníamos allí todo lo que necesitábamos. Sigo teniendo los mismos amigos y aunque hace años que me emancipé, sigo viviendo en el mismo barrio.
Pero me diagnosticaron una dislexia, lo que hizo que la infancia se me complicara un poco.
En mi ikastola yo era Miren Latorre Arrausi, hija de y hermana de. Pero a los catorce años llegué al instituto y allí no era más que un número. Además, mis profesores ya no eran trabajadores que creían en un proyecto, eran funcionarios frustrados que no conseguían mantener el orden de la clase. Puedo decir, sin exagerar, que en bachiller no asistí al 30% de las clases. Aun así, lo aprobé con buena nota. No me interesaba en absoluto, pero era un trámite que debía pasar y no estaba dispuesta a repetir ninguno de los pasos.
Estudié Bellas Artes porque era lo único que me interesaba. Fue duro, tenía que trabajar. Iba a clase, la mayoría de los días comía allí. Cuando salía daba clases de apoyo a niños y los fines de semana trabajaba en bares. Como he dicho, no fue fácil, ni divertido, como cree que es esta carrera. Pero era lo yo quería hacer y lo hice con mis propios recursos. Me convertí en una persona autónoma y autosuficiente. Solo me faltaba un lugar en el mundo (del arte). No me veía a mi misma como artista, pero el arte me apasiona.


¡YA LO TENGO!
Quiero enseñar arte, porque “el arte es lo que nos salva de la vida”*
*Algún profesor de BBAA, Leioa.

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